SOBRE LA DEMENCIA (1)
No te vayas, estoy haciendo una comedia?, melodrama le diría yo.
Esta tarde toca llorar porque piensa que me voy a ir y la he
echado unas gotas para unos tapones que tiene en el oido, me promete que se
deja echar las gotas, pero que no me vaya.
Me voy a dar un paseo y vuelvo.
Acaba de confundir al cura
con el médico, ya sé que cada uno se ocupa o intenta salvar sus
negociados, así que ha sido una mezcla de “confeconsulta”, lo he escuchado todo
porque si normalmente oye poco, desde ayer se podría decir literalmente que
como una tapia y tenía mucha curiosidad
por saber los pecados de mi madre, para mi una Santa.
Y mientras escuchaba el diálogo entre ella y el del franciscano, que parecía un sainete, me han sorprendido las tablas del confesor y
las pocas palabras fuera de las establecidas en el protocolo eucarístico breve
de dar la comunión en el domicilio, han sido buenas, tranquilizadoras, aunque
mi madre no las haya oído y si lo ha hecho ya lo ha olvidado. Pero está serena,
su fe a veces tambaleante por la confusión mental importante que tiene debido a
un fuerte calmante (ya no lo hay más fuerte), ha salido más reforzada (¿?),
creo que si, que está serena, suficiente.
Y su médico estuvo hace dos días, mi madre es de las
afortunadas que tiene el mismo galeno y enfermera desde hace años, por tanto se
conocen de maravilla y también abordó temas con ella temas espirituales, que
son los que la preocupan actualmente, temores ante lo que se acerca y que creyentes
o no, nos interrogamos y según crecemos más y si las alucinaciones o
alteraciones cognitivas aparecen como es el caso, imagino por lo que veo, que
ese miedo se convierte en pánico incontrolable y no hay ni médico ni cura que
lo apañe.
Saber sobre la demencia en los libros es importante, mucho,
pero vivirla y en un ser querido es único, desesperante en ocasiones y un cajón
lleno de sorpresas constantes.
En estos días he oído tantas veces mi nombre que incluso
cuando no me llama yo la oigo, he escuchado tantas cosas, que gracias a los
libros sé que no las siente y también he recibido muchos abrazos y besos y
peticiones de perdón, cuando esa nube demencial despeja su lúcida cabeza, hasta
hace muy pocos meses.
Los ratos tranquilos también echamos alguna risa, dice que
soy la hija más alegre, puede ser, en todo caso la que más hace el pasayo y a
cada hijo nos tiene puesta una etiqueta. Otro día más que ahora si he oído alto
y claro: Nati!!